cuestión de metodología: calidad frente a cantidad

A veces he hablado con compañeros y amigos sobre la perspectiva desde la que trato la fotografía. A pesar de que me considero un simple aprendiz y que no soy nadie para dar consejos, tengo claras 3 cosas:

  • mis ganas infinitas de aprender y abarcar nuevos conocimientos
  • el afán de experimentar, de no tener miedo a lo desconocido y la convicción de que de ese modo hallaré nuevos caminos que otros ni siquiera se habrán parado a reflexionar que puedan existir
  • la interiorización de unos “mantras” a la hora de abordar cada trabajo fotográfico

Para ilustrar este último punto, citaré a Ludwig Mies van der Rohe, uno de los arquitectos más representativos del siglo XX. Al margen de sus obras, legó al mundo de la arquitectura dos axiomas que no sólo pueden aplicarse a este campo sino que abarcan cualquier tipo de arte. El primero de ellos es “Less is more” (Menos es más) y el segundo “God is in the details” (Dios está en los detalles).

Éstas son 2 frases que tengo en mente a la hora de abordar cualquier trabajo, independientemente de lo que se trate. “Menos es más”: no por hacer más cosas voy a ser mejor si para ello no puedo dedicarles el tiempo suficiente y necesario para hacer algo bueno (dentro de mis humildes posibilidades). La segunda frase, “Dios está en los detalles”, viene a incidir en lo mismo: hay que dedicar a cada fotografía el tiempo que requiera para que hasta los mínimos detalles reciban el cuidado que merecen. Tampoco voy a ser más féliz si hago siempre lo mismo, si repito procesos y me copio una y otra vez, día tras día. Tengo clarísimo que prefiero hacer pocas sesiones de fotos al cabo del año y dedicarles todo el tiempo del mundo, que hacer muchas pero repetitivas. Al fin y al cabo detrás de cada sesión hay personas. Además del fotógrafo, intervienen modelos, maquilladoras, estilistas… A todas ellas debo un respeto, y ese respeto se demuestra tratando cada fotografía con todo el cariño y mimo que me es posible, sin importar el tiempo y con el único objetivo que todo el equipo de la sesión quede contento y satisfecho con el resultado obtenido. Además sé que no sería feliz haciendo muchas sesiones y repitiendo estereotipos, por lo que éste es mi camino a seguir.

Junto a ello también tengo un espíritu un tanto “renacentista” (lo siento si suena demasiado pretencioso), en el sentido de que me gusta investigar, experimentar, hacer aquello que otros han dicho que no se debe o no se puede hacer, por el mero placer de ver qué pasa. Y debo reconocer que siguiendo este camino empírico he sufrido bastantes chascos, que se ven de sobras recompensadas por los descubrimientos a los que llego de vez en cuando.

No busco la fama ni los halagos fáciles. No creo en las felicitaciones ni en las adulaciones hipócritas y hechas sólo por quedar bien. Simplemente espero el respeto de quien contempla mis fotografías, y que se reconozca mi trabajo en el caso de que lo merezca.

En resumen, que mi forma de ser me obliga a ser creativo, a darle mil vueltas a cada fotografía, a dedicarle todo el tiempo del mundo,  a no hacer lo que ya hice algo ayer, sino intentar hacer algo “nuevo”. No importa el tiempo que se tarde. Calidad frente a cantidad. “Less is more”.